El Ermitaño

I don’t want you to be no slave
I don’t want you to work all day
I don’t want you to be true
I just want to make love to you

Muddy Waters

Érase  una vez un hombre que recorrió bosques oscuros; cercados por sonidos  y flanqueado en su caminar por gotas de sudor y vahos de desasosiego. Atravesó caminos pedregosos con los pies desnudos y con la cabeza al viento, sin mirar ni una sola vez el pasado confiado.
Las canas de su cabello se agitaban con el golpear del viento, pero el hombre prosiguió su peregrinaje con un agotador trote en sus piernas y silbando melodías que nunca fueron escuchadas por oído alguno.
El hombre sabía que no podía dejar de mover su cuerpo por el angosto camino; sentía la sangre alocada bombeada por su corazón, pero no estaba dispuesto a parar ahora que estaba tan cerca de su destino, y ni siquiera los intentos para que se rindiera de las afiladas ramas, que se clavaban sin piedad por todo su cuerpo, pudieron evitar su transitar.
Hasta que un día, más azul que de costumbre, vio alzarse de la nada un gigantesco edificio iluminado por colores suaves y claros, y el hombre percibió que por fin había llegado a su destino.


Mientras los rayos solares penetraban con fuerza por los ventanales del edificio, inundándolo con una luz cálida e irreal, el hombre abrió con fuerza las puertas y toda la energía del edificio le rodeó, y un silencio casto le condujo por los pasillos de la gigantesca mole.
Nada y Nadie caminaron de su mano por los vacíos corredores pero el hombre no sintió que el miedo apareciera junto a él; de hecho se encontraba tan cómodo y tranquilo que decidió sentarse debajo de un gran ventanal; y nuestro hombre poco a poco fue cerrando sus ojos desenchufando su interior.
Su yo se separó lentamente de su cuerpo y con una inesperada parsimonia recorrió por su cuenta el edificio hasta llegar a la azotea más alta jamás vista, más cercana al cielo que a la tierra. Llegó sin Nada y Nadie a su lado y con devoción comenzó a volar por el radiante cielo, sintiendo una maravillosa brisa acariciar su rostro.
Voló durante horas observando con atención todo lo que se encontraba debajo de él, viéndolo tan pequeño que creyó que todo estaba hecho de plastilina.
De repente su yo comenzó a caer a toda velocidad entre las nubes dirección tierra firme, pero no sintió miedo porque tanto los nimbos como los cumulonimbus frenaban su caída libre; y su yo cayó en un jardín hermoso henchido de grandes flores  que abarcaban con su olor todo ese edén de las delicias.


En medio de esa maraña floral su yo se encontró con el hijo que nunca tendrá; el cual animosamente comenzó a contarle pequeñas historias que hicieron crecer numerosas dialipétalas del laberíntico jardín.
El hijo que nunca tendrá le presenta el árbol donde él nació y le cuenta cómo de sus grandes raíces él forjó su carácter, debajo de la tierra húmeda, sin comunicación exterior. Y creció con el árbol milenario pero un día sintió que era hora de abandonarle y recorrer el jardín por su cuenta caminando con los pies descalzos.
Su yo, con Nada y Nadie a su lado, escucha cómo el hijo que nunca tendrá recorrió el jardín sin atender los consejos que sus hermanos los arbustos le daban. Advertencias aprendidas durante años de meditaciones. Caminaba sin prestar atención a sus propias necesidades, sólo pensaba en las aventuras que pasarían pronto ante él.
Su yo oye atentamente sus historias, reconociendo en sus gestos y detalles al padre que nunca será. De alguna manera su yo comprende la importancia de la dialéctica, y reconoce que las palabras amor y querer debieron ser más escuchadas por el hijo que nunca tendrá. La aflicción le embarga de tal manera que Nada y Nadie tienen que ofrecerle sus hombros para no caer al suelo. Y el hijo que nunca tendrá sigue su deambular sin detenerse y despedirse.


Su yo se repone con ayuda de Nada y Nadie, continuando su viaje por el jardín, encontrándose un manantial gobernado por una mujer alta; la cual con su vasija de barro se dedicaba a dar de beber a todo ente que rondara la fuente. Y su yo no puede evitar preguntar, y la mujer alta contesta que ella sólo calma la sed, que los problemas están adheridos a nuestros cuerpos y que solamente viviendo podremos despegarlos, pero que ella sólo puede ofrecer el agua más fresca jamás bebida.
Y su yo se refresca de su vasija y quiere besarla pero Nada y Nadie se lo impiden, y quiere silbar una melodía pero también se lo impiden y se marcha de allí con cierta nostalgia en su paso. Le gustaría conocer más de ese jardín pero el grito agónico de un pájaro le obligó a volver al cielo y de allí orientarse otra vez hacia la gigantesca mole.
Su yo volvió al hombre. Y nuestro hombre activó de nuevo su interior y abrió los ojos. Nada y Nadie ya no estaban a su lado. Y nuestro hombre analizó su proyecto mágico. Él quería soñar un hombre, quería que fuera completo e imponerlo a la realidad. Y su proyecto le llevó hasta la extenuación de su alma, y comprendió, con terror, que era inviable porque él también era una semejanza, ya que otro le estaba soñando.

Furtivos de José Luis Borau

Personalmente creo que “Furtivos” es una de las mejores películas del cine español, “top ten” de nuestro cine. Borau dirige con destreza este drama provincial ambientado en la última época del franquismo. La película nos narra la historia de Ángel, cazador furtivo que vive en un bosque, y que se encuentra atrapado entre dos mujeres; su posesiva madre, y una chica explosiva que se ha escapado de un reformatorio. La película es un reflejo de la España profunda de la época y nos deja ver las miserias de un país atrasado en muchos aspectos.
El guión de la película es extraordinario, ya que se presiente que las relaciones no van a acabar bien pero realmente no sabes por donde van a explotar. Si además le sumamos que la puesta en escena es espectacular y que los protagonistas hacen un trabajo brillante, el resultado es una obra maestra imperecedera.

FURTIVOS

DIRECTOR: JOSÉ LUIS BORAU

INTÉRPRETES: LOLA GAOS, OVIDI MONTLLOR, ALICIA SÁNCHEZ

AÑO: 1975

PAÍS: ESPAÑA


Atari Force de Gerry Conway, Roy Thomas Y José Luis García López

La segunda versión de este cómic fue publicada en 1983 por DC Comics. En España fue Ediciones Zinco quien lo publicó entre 1984 y 1985, pero sólo publicó los trece primeros números, el resto permanecen inéditos, por desgracia, en nuestro país.
Se trata de un brillante comic book de ambientación futurista lleno de personajes totalmente dispares. Atari Force es un tebeo distinto por su estructura abierta de episodio en episodio. El comic nos cuenta la historia de un grupo de exploradores- científicos que intentan evitar la destrucción del universo.
El gran logro de la serie es la falta de unidad narrativa por que la unión de los personajes no se produce en el primer número sino que se estira ya que la galaxia es enorme y no es fácil coincidir.
Una joya.

Los Buddenbrook de Thomas Mann

Primera novela del escritor alemán Thomas Mann, publicada en 1901. La novela narra la decadencia de una adinerada familia de comerciantes de Lubeck. Ambientada entre los años 1835 y 1877 abarca la historia de cuatro generaciones. La historia comienza en el punto álgido de la familia, y escrita con una prosa tranquila pero a la vez exquisita, el escritor va describiendo la decadencia de una estirpe atrapada en las tradiciones y supeditada al orgullo.
Mann utiliza a la familia para dibujar los cambios que se produjeron a mediados del siglo diecinueve, relatándonos el auge de una nueva burguesía y la aparición de nuevas libertades.
Leer este libro es, sin duda, un viaje al pasado.

Disociar

I am the sand all – silent

I’m all the turning – ride it

I gotta twist in your head – and you’ll like it

All there is reason – find it

Colour Haze

La palabra y la narrativa tienen mucha más importancia de lo que pensamos, por eso nuestro bebedor moderno decidió que esa noche se transformaría en una persona muda. Decidió asistir a un concierto en el que no articularía palabra alguna. Nuestro bebedor moderno resolvió que esa noche la palabra y la narrativa deberían apoderarse de él a través de la música proyectada por las bandas a las que se enfrentaría; ante semejante oportunidad se acicaló como un mimo invisible y saboreó el líquido elemento que tantas veces le impidió anudar sus pensamientos, antes de dirigir sus pasos con entereza a la moderna fortaleza musical; dispuesto a enfrentarse, mudo, a un ambiente rebosante de verbo y gracia.

Los alrededores de la entrada se encontraban invadidos por un gentío escandaloso pero que no amilanó en absoluto a nuestro bebedor moderno, el cual, con paso firme, indicó al taquillero con un movimiento del dedo que deseaba una entrada. El poder realizar esta sencilla acción envalentonó a nuestro protagonista que penetró con el pecho hinchado a la oscura sala.

Era la primera vez que la pisaba y lo que vió le gustó. Un local con techos altos y un escenario enfrentado a una gran pista de baile franqueada por pequeñas mesas, las cuales estaban estratégicamente situadas para que la gente más tranquila pudiera disfrutar del espectáculo con una perfecta visión.

Las barras se encontraban situadas a los lados, separadas de la pista, y allí nuestro bebedor moderno se dirigió con agilidad para conseguir su néctar deseado.

Apoyó los dos codos en la barra y con un ligero movimiento hacia arriba de cabeza llamó a la espectacular camarera. La rubia explosiva le preguntó que quería y nuestro bebedor moderno le hizo dos sencillos gestos. Con el primero señaló un vaso de plástico que en algunos lugares llaman minis; con el segundo señaló el grifo de cerveza. La barbie llenó el katxi y le cobró sin decir palabara alguna.

Nuestro bebedor moderno bebió con ansia un trago largo y se dirigió al centro de la pista, donde unos teloneros salidos de la película “Los Albóndigas en Remojo” comenzaban a rasgar los instrumentos, haciéndose paso entre la gente solo con la ayuda de su dedo índice, con el cual tocaba cariñosamente las espaldas de los demás para hacerse sitio.

Llegó a su destino, acomodó sus pies, ató la sudadera a la cintura y dió otro trago largo a su placebo. La música comenzó a envolver su cabeza y ligeros tics martillearon sus piernas. La mezcla de las ondas de las dos guitarras dispararon narrativa llenando sus oídos y rellenando su masa encefálica. Y, mientras los tragos a su elixir cada vez eran más cortos, el ritmo del bajo y de la batería gritaba palabras directas a todo su sistema nervioso; nuestro bebedor moderno comenzó a entender la importancia de ser capaz de narrar y de articular palabra, aunque fuera de manera retórica.

Y el vaso exento de belleza se quedó vacío, asi que se dirigió otra vez hacia la barra.

Con el dedo índice colocado en modo señalar consiguió hacerse hueco hasta llegar a su sino, pero durante su corta travesía sintió que dos grandes ojos castaños le observaban; sintió que una mujer de estatura media y pelo corto moreno estaba detrás de esos ojos.

No quiso perder mucho tiempo observándola porque su bebida le aguardaba dentro de un barril oxidado, ni siquiera amontillado. Con su receptáculo lleno, nuestro bebedor moderno volvió con los albóndigas, pero esta vez sus pasos le aposentaron en un lugar cercano a los dos grandes ojos castaños.

Situado detrás de una nuca delicada, la conexión con el lenguaje narrativo que los albóndigas le hacían llegar se rompió en más de tres pedazos.

La garganta de nuestro joven bebedor nunca tuvo sed y en un pequeño instante la banda se quedó muda. Los dos grandes ojos castaños observaron a su alrededor , parándose un micro instante en sus dos enrojecidos ojos; y él continúo calmando su sed a la vez que observaba sus movimientos , y buscó sus piernas fibrosas hacia la entrada del local donde el público encendía sus perseguidos cigarros. Pero no se podía salir del recinto con el jugo, así que decidió vover al interior y esperar a que ella volviera al lugar donde estaba más bella.

Nuestro mudo bebedor se acomodó en la barra izquierda, de espaldas a la camarera y esperó dando tragos cortos a su bebida preferida.

No tuvo que esperar mucho porque ella volvió al lugar acompañada de su grupo de amigos, dirigiéndose a la misma barra donde él estaba acomodado.

Sus dos grandes ojos castaños le hablaron sin decir nada y él sintió que la palabra atravesaba su pecho con tanta energía que tuvo que apoyar a su fiel amigo en la barra.

Las luces se apagaron y tres tipos con largas patillas y tupés relucientes comenzaron a halagar sus instrumentos con maestría y fiereza. Y otra vez un maravilloso lenguaje narrativo se apoderó de sus sentidos, y sin saber cómo se encontraba en la pista moviendo su cuerpo con pasión y entusiasmo.

Una vez más sintió dos grandes ojos castaños cerca de él. Rodeado por sombras en contante movimiento y baile; envuelto en palabras convertidas en melodía, ritmo y armonía nuestro bebedor moderno experimentó el sedoso tacto de su mano.

Sin mediar palabra alguna los dos entendieron el lenguaje que los acordonaba y se dejaron llevar por él, comenzando a bailar como si se conocieran de tiempos mejores. Y la sala se convirtió en una gran fiesta donde nuestro bebedor moderno siguió con su mudez pero descubriendo nuevos significados para los enunciados narrativos.

Del baile se pasó al beso. Fue un primer beso corto, sin abrir en demasía la boca y jugando más con los labios que con la lengua. Un tierno beso, y algo inocente quizás, pero que a él le supo a gloria.

De manera súbita el trío cesó su magia, las luces se encendieron y él pudo contemplar sus dos grandes ojos castaños con anhelo. Sin palabra alguna reproducida y agarrados de la mano salieron de la sala. Nuestro bebedor moderno consiguió esconder su bebida gracias a la sudadera y como si de una pareja se tratara caminaron por la calle hasta llegar a un parque. Allí los besos pasaron a ser menos tiernos, con la boca más abierta y utilizando la lengua con descaro. Él sintió sus tetas firmes y apreció la sangre recorrer por su cuerpo camino a su polla.

Cesaron un instante los besos, se miraron y ella soltó de sopetón que quería farlopa. Nuestro bebedor moderno hizo un gesto con los hombros y los labios que ella comprendió al instante. Él no tenía.

“Sé cómo conseguirla y cómo llegar” dijo ella con una sonrisa pícara y lasciva.

Él asintió y dió un trago largo a su brebaje.

“¡Vamos a buscar un taxi!” gritó ella.

Y cogidos de la mano caminaron calle arriba hacia la parada de taxis situada cerca de un hospital.

Él la retuvo delante de una puerta negra un tanto escondida y señaló un timbre.

“¿Qué es eso?” preguntó.

Él movió sus hombros con aire interrogativo.

“¡Llama!” dijo ella con seriedad.

Y nuestro bebedor moderno tocó el timbre dos veces. La puerta se abrió de manera automática y los dos pasaron dentro introduciéndose en un local oscuro con colores vivos y fogosos. Una joven de ojos cansados les cobró la entrada con consumición y les explicó que se trataba de un local de intercambio de parejas.

Nuestros dos protagonistas se adentraron sin dudarlo y observaron lo que les rodeaba. No había casi nadie en el local, pero nada más entrar se toparon con un tipo que sólo llevaba una toalla como vestimenta. Se acercaron a la barra, ella pidió las consumiciones para los dos y se quedaron en silencio, tímidos, como si el local les diera miedo. Pero él quiso romper ese hechizo y agarrándola por la muñeca la llevó a recorrer el bar. Pequeñas habitaciones decoradas con camas, todo tipo de juguetes sexuales, puertas con ventanas para mirones, paredes con agujeros para introducir los penes, aceites corporales, condones, botas con largos tacones, una sauna, espejos y un jacuzzi. Todo ello vacío y desolado. Satisfecha su curiosidad volvieron a la barra a darle un trago a sus bebidas.

Tenemos que seguir con nuestra aventura” dijo ella mientras le daba un mordisquito en la oreja.

Y él asintió, apuró su bebida y salieron del local agarrrados de la mano, sintiéndose vivos. Se montaron en un taxi, ella le indicó al chofer la dirección y emprendieron su aventura.

Venimos del Momento’s” le dijo ella al taxista.

Bah, es una sala muy floja, es mejor el Sensaciones” contesto él.

Nuestros amigos se miraron, como si les sorprendiera que otras personas conocieran un local tan escondido.

Yo llevo treinta y cinco años practicando el sexo liberal, conozco todos los locales de la ciudad y os puedo asegurar que el Sensaciones es el mejor de todos ellos”

Pues en el Momentos no había nadie” dijo ella.

Porque la gente ya lo conoce, y sabe que hay mejores lugares para expresarse” contestó el taxista.

Y durante un rato largo se hizo el silencio. Nuestro bebedor moderno acariciaba la mano de su nueva amiga con dulzura, tenía la sensación de que si no dejaba de tocarla podría conocerla de verdad.

Y llegaron a su destino, una gran rotonda. Se despidieron del taxista, ella con la palabra, él con su gesto.

La ciudad parecía dormida, únicamente las farolas parecían estar vivas. Ella le guió hacia una estrecha calle donde se encontraron con una pareja apoyada en un coche rutinario.

¿Vais al poblado?” preguntó ella con sus dos grandes ojos castaños.

Si” contestó el hombre de mirada perdida.

¿Cuanto?” preguntó la beldad.

Diez, cinco ida y cinco vuelta” contestó la mujer de mirada triste.

Se montaron en el taxi de la droga y nuestro bebedor moderno sintió que distintos lenguajes narrativos se apoderaban de su cuerpo. Se notó extraño mientras ella hablaba con sus guías, recostó la cabeza y observó las distintas luces de la carretera sin tener claro cual era su destino y sin saber si, realmente llegarían a él. Continúo acariciando su mano pero la nostalgia se apoderó de sus pensamientos, echaba de menos su líquido elemento.

Entendió sin escuchar las palabras de sus tres acompañantes, cocaína, nariz, sesenta, los dos, tranquilidad y supo que él entraría con el hombre de mirada perdida a conseguir la droga, y pudo ocultar un gesto de desagrado.

Cuando llegaron al pobaldo una realidad desconocida se presentó ante sus ojos. Chabolas rodeadas de cientos de coches, almas destrozadas vagando por los caminos de piedras, voces derruídas por la locura chapoteando y en medio de la miseria, grandes viviendas protegidas por muros y verjas de hierro.

Aparcaron el coche, ella le dió el dinero a nuestro bebedor moderno, y el hombre de mirada perdida le dijo que le acompañara y que no hablara, que él se encargaría de todo. Nuestro protagonista asintió, se apearon del coche y al apoyar los pies en la tierra notó que allí hasta el suelo era distino, que la fuerza gravitatoria no era la misma a la que estaba acostumbrado.

Atravesaron el camino rodeados por seres vencidos y destruídos y llegaron a una gran verja de hierro. Varias miradas se depositaron sobre ellos, a nuestro bebedor moderno le estudiaron de arriba a abajo pero les abrieron la verja y les dejaron pasar.

Les pusieron en el final de una cola formada por manos hinchadas, dientes caídos, venas perforadas, narices rotas, caras manchadas, y allí esperaron. A nuestro protagonista pequeñas gotas de sudor le aparecieron en la espalda, y no podía dejar de pensar en su líquido elemento favorito. Mientras el hombre de mirada perdida le hablaba de su vida, de como la destrozó por la enfermedad y las ganas que tenía de curarse, pero nuestro mudo bebedor solo pensaba en su propia dolencia. La cola avanzaba y los enfermos recibían sus dosis con ilusión, como si fueran niños esperando en la noche de reyes.

Llegó su turno y pasaron una puerta blindada, dentro les esperaba un tipo gordo, hinchado de ambición y destrucción que hizo el trato con el hombre de mirada perdida con rapidez y eficacia. Y les mandó salir, pero antes nuestro bebedor moderno le miró de arriba a abajo con odio y el gordo seboso soltó sonoras carcajadas.

Volvieron a salir y en el camino dos agonizantes se golpeaban sin hacerse ningún daño, como si la fuerza nunca hubiera existido para ellos.

Volvieron dentro del coche.

¿Qué tal?” preguntó con sus dos grandes ojos castaños.

Él no contestó. Le dió el chisme. Ella preparó dos rayas mientras sus guías preparaban sus propias dosis.

Consumieron.

Y nuestron bebedor moderno quiso hablar de repente, quiso decir su nombre, quiso saber el suyo, quiso contar su vida, quiso conocer la suya, quiso explicarle sus miedos, quiso saber los suyos, quiso abrirse del todo, quiso saberlo todo sobre ella pero las palabras no salieron de su boca, no pudo emitir ningún sonido. Y ella lo entendió, acarició su mano, y le atrajo hacia si y le dió un largo beso, el más hermoso que él recibió jamás pero nuestron bebedor moderno no pudo hacérselo saber.

Y vovieron otra vez a la ciudad, fueron a su casa, siguieron consumiendo, hicieron el amor dos, tres, cuatro veces, sin emitir gemido alguno, y fue maravilloso pero nuestro bebedor moderno no pudo decírselo. Nunca jamás fue capaz de volver a empujar acorde alguno, ni siquiera cuando ella cogió la puerta y se marchó para siempre.

Dreadstar de Jim Starlin

La publicación de este cómic book a principios de los ochenta supuso un soplo de aire fresco al tebeo norteamericano. Publicado por la revista “Epic Illustrated” y editado por Marvel nos narra la historia de Vanth Dreadstar, el último superviviente de la vía láctea, y su grupo de rebeldes que intentan acabar con la guerra entre la monarquía corrupta y la iglesia liderada por un Alto Señor Papal más malo que Darth Vader.

Pero este grupo de rebeldes va por libre, no están con ninguno de los dos bandos, sino que lo que más les interesa es que haya paz en el universo de una vez por todas.

Dreadstar es un Robin Hood moderno, mezclado con John Wayne y Han Solo.

Una space ópera en la que la evolución de los personajes es constante. Una obra maestra.

El Tren De John Frankenheimer

El film nos narra el despojo que Alemania quería hacer a Francia de sus obras de arte durante la segunda guerra mundial. Frankenheimer, director perteneciente a la generación formada en televisión y creador de grandes obras como: El Mensajero del Miedo, El Hombre de Alcatraz, Siete Días de Mayo, utiliza el blanco y negro para darle a la película un tono documental. El director dota al film de un ritmo vivísimo y aprovechándose de un guión brillante, de un estilo vibrante y emocionante que no da respiro.

En definitiva se trata de una obra imprescindible e imperecedera.

EL TREN

DIRECTOR: JOHN FRANKENHEIMER

INTERPRETES: BURT LANCASTER, PAUL SCOFIELD, JEANNE MOREAU, MICHEL SIMON

AÑO: 1964

PAIS: USA, FRANCIA, ITALIA